En un jardín nunca se está sola.
Puedo desaparecer en las copas de los árboles, puedo despegar los pies del suelo, puedo comprender a los pajaros, mirar los tonos del cielo y bailar en silencio.
Un jardín sostiene mi corazón roto.
Descanso la mirada en las hojas de los tomates que crecen, mi nariz encuentra un profundo placer en la albahaca en expansión, quisiera sentirme como ella, brillante y hermosa. Poderosa e inigualable como la menta, que revive cada vez que muere, quisiera sobrevivir a las fuertes lluvias y renacer con más fuerzas como mis plantas, que no son mías, solo de ellas.